“Aun cuando el punto y aparte del penúltimo párrafo sugiere una conclusión, necesitas escribir el final para entender el esplendor de la narración”.
Siempre he batallado para escribir el último párrafo de cualquier historia. Se me hace la parte más difícil, puesto que debes darle un desenlace categórico a cada uno de los personajes. Aun cuando el punto y aparte previo sugiere una conclusión, necesitas el final para entender el esplendor de la narración.
Una vez creí en un Mundo Mágico, un lugar donde no había más dolor, donde cada paso se daba con la certeza de alcanzar la plenitud. Pero entonces, desperté y volví a mi cruda realidad. Desde ahí, observé que todo el horizonte estaba nublado.
La lluvia cayó y, junto con ella, se fue una parte de mí. El dolor que sentí fue indescriptible… los días soleados, esos que en apariencia son la solución a todo, nunca pudieron evaporarlo.
Ahora que es de noche y estoy sentado frente a la fogata, con el fulgor de las estrellas como refugio, me consuelo en la oscuridad que ha sido testigo de todo mi camino. Las llamas me hacen comprender que la paz no llega a través de la negación del sufrimiento, sino de la aceptación de su existencia como parte del viaje.
Así pues, seré honesto: este es el punto y aparte de una historia que aún tiene mucho por decir.


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